

LUNES, 1 de junio de 2026 (HealthDay News) -- Para los pacientes con esclerosis múltiple progresiva primaria (EMPP), el ocrelizumab es superior a la hora de retrasar la progresión de la discapacidad, según un estudio publicado en la edición del 30 de mayo de The Lancet.
Gavin Giovannoni, M.D., del Royal London Hospital, y sus colegas examinaron el efecto del ocrelizumab en pacientes mayores y con mayor discapacidad y con EMPP, especialmente en lo relativo a la preservación de la función de la mano, en un estudio multicéntrico, aleatorizado y controlado con placebo de fase 3b, realizado en 138 centros de 22 países. Pacientes con EMP de 18 a 65 años con una puntuación de la Escala de Estado de Discapacidad Ampliada de 3,0 a 8,0 fueron asignados aleatoriamente a ocrelizumab intravenoso de 600 mg o placebo cada seis meses durante 144 semanas (505 y 508 pacientes, respectivamente).
Los investigadores encontraron que la proporción de pacientes con progresión compuesta confirmada de discapacidad a 12 semanas fue del 33 y 40 por ciento, respectivamente, con ocrelizumab y placebo (razón de riesgo, 0,70; reducción relativa del riesgo, 30 por ciento). Se observó una reducción de riesgo similar y significativa en el subconjunto de pacientes con actividad de resonancia magnética al inicio (reducción del riesgo, 55 %). Ambos grupos tenían un perfil de seguridad general similar. Se observaron más infecciones con ocrelizumab (48 frente al 45 por ciento), pero la diferencia se atenuó tras la exclusión del COVID-19 (38 frente a 37 por ciento). Los grupos presentaron tasas similares de eventos adversos graves e infecciones graves.
"Estos hallazgos son importantes porque demuestran que el tratamiento puede marcar una diferencia significativa en las personas con formas más avanzadas de EM y puede ayudar a preservar la función de las manos y los brazos, lo cual es fundamental para mantener la independencia, las actividades diarias y la calidad de vida", dijo Giovannoni en un comunicado.
Varios autores revelaron vínculos con empresas biofarmacéuticas, entre ellos F. Hoffmann La Roche, que fabrica ocrelizumab y financió el estudio.